Escribir una novela de éxito es difícil. Intervienen innumerables factores, entre ellos, podemos citar: el tema elegido, la técnica utilizada, el lenguaje y la habilidad del escritor para comunicar y sugerir, entre otros. Es difícil ofrecer una fórmula porque no creo que exista, al menos, no creo que exista una fórmula que se pueda extrapolar al resto de los mortales. Existe, eso sí, un modelo literario que se ha ido conformando con el paso del tiempo al que solemos llamar canon.

La vanguardia

Seguir el canon no es garantía de que la obra obtenga el éxito esperado. No obstante, seguir el modelo literario facilita en muchas ocasiones la lectura de la obra porque el lector interpreta un código conocido. No ocurre esto con las obras vanguardistas o experimentales, donde el lector puede nadar en aguas desconocidas. Lo que puede dar lugar a un descubrimiento asombroso o al hundimiento definitivo del interés.

Una verdad de Perogrullo

Me gustaría aclarar, antes de proseguir, que los siete puntos sobre los que voy a hablar son harto conocidos por los expertos. Tanto el inicio de un relato como los personajes, el conflicto y su tratamiento, así como el clímax, la técnica y el lenguaje empleado, ocupan un lugar destacado en la elaboración de una obra. En la medida en que el autor aborde uno u otro aspecto con mayor o menor originalidad, tendrá mayor o menor repercusión la obra. No podemos crear una fórmula mágica para crear obras de éxito pero sí podemos utilizar correctamente toda la experiencia previa para conformar una especie de corpus sobre lo que es conveniente en una obra y mejor aún, sobre lo que puede repercutir en el plano social para que un relato conecte con nuestro público.

El inicio

De los inicios hemos hablado bastante. Un relato  debe captar la atención del lector desde las primeras líneas. Esto se puede hacer utilizando elementos del suspense. El ritmo puede ser trepidante, (las oraciones cortas y directas pueden ayudarnos con esto). Existe, como es lógico, mucha documentación que explica cómo deben ser los inicios. En los talleres que imparto online trabajamos hasta la extenuación cada uno de estos factores. Uno de los más conocidos es comenzar la obra con una situación límite.

Los personajes

Si un buen inicio es importante para despertar la atención del lector, los personajes son el combustible que hacen avanzar al lector. Un personaje bien construido puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso. Incluso, si la obra no es lo suficientemente buena, puede despertar tal admiración y conectar de tal manera con el público que los lectores serán compresivos con los errores. En este post explico con mayor profundidad lo que debes hacer para crear un personaje sólido. Ir al post.

El conflicto

Quizá este sea, conjuntamente con los personajes, uno de los puntos que más tributa al éxito de una obra. En la medida en que seamos capaces de abordar con mayor efectividad el conflicto, más identificado se sentirá el lector. A veces no se trata de trabajar nuevos conflictos sino de utilizar un enfoque diferente. Revisar un conflicto nuevo con una mirada nueva imprime vigor y fresco a la obra.

La presentación

Por otra parte, el conflicto siempre hace referencia a la pugna de fuerzas. Existen cuatro etapas muy bien diferenciadas.

  1. Exposición o situación del protagonista.
  2. Propósito del protagonista.
  3. Presentación del obstáculo o materia del conflicto.
  4. Choque de las fuerzas en pugna (generalmente solo dos).

Conflicto y acción dramática

Debemos establecer una diferencia entre conflicto y acción dramática. El conflicto es la oposición, el choque de fuerzas o intereses que se produce entre dos facciones. La acción dramática es el resultado final, el desenlace que se deriva del enfrentamiento entre las dos fuerzas antagónicas. La acción dramática genera cambios que transforman al personaje, a su oponente o al entorno social. Para dominar el conflicto y la acción dramática es necesario practicar. Descarga este ejercicio y únete a los escritores que siguen nuestros cursos para aprender los secretos del conflicto y la acción dramática. Descargar ejercicio.

El clímax

Es el punto culminante de la acción. Se puede afirmar que durante todo la obra, el escritor no ha hecho más que preparar al lector para experimentar un clímax formidable. Cada línea de acción, cada diálogo debe estar perfectamente estructurado. Un buen clímax debe ser natural. Debe guardar plena coherencia con el relato y debe articularse convenientemente con el carácter de los personajes. 

El lenguaje

El lenguaje debe adaptarse al tipo de obras que deseamos escribir. El lenguaje es el vehículo a través del cual deseamos trasmitir las emociones, los sueños y las aspiraciones de las partes en conflicto. De modo que es imprescindible utilizarlo correctamente en sus diferentes vertientes porque apoyan la estructura de la obra, la dotan de fuerza y energía. A continuación detallamos las características que debemos tener en cuenta.

Tipo de lenguaje utilizado

Coloquial o culto, que demuestre riqueza o pobreza de vocabulario, según la situación y según el tipo de narración.

El significado connotativo

El significado connotativo está más allá del sentido estricto o literal de una palabra, frase o concepto. Hace alusión al sentido figurado, estimula la imaginación e implica la asociación subjetiva, así como los aspectos culturales y emocionales. Además, no debemos subvalorar la efectividad de los recursos lingüísticos y las figuras retóricas. La fuerza y la belleza del texto provienen del uso apropiado de las mismas.

La técnica

La técnica contempla un amplio arsenal del cual podemos elegir las técnicas que más se ajusten a los efectos que pretendemos provocar. La técnica es la herramienta que facilita la tarea del escritor para alcanzar los efectos deseados. Elegir la técnica apropiada para cada obra garantiza no solo la efectividad del relato sino que supone un salto en términos de calidad. La técnica lo engloba todo. Desde el tipo de narrador que contará la historia, hasta los conflictos. Aprender la técnica supone innovar y utilizar aquellas herramientas que más se adapten a nuestros intereses e inquietudes. Una de las técnicas más poderosas y efectivas es la del Iceberg. Es ideal para generar tensión y situaciones ominosas que desconciertan al lector y lo hacen interactuar con la historia.

El final

Enhebrar un buen final es difícil. Existen muchísimas novelas bien escritas cuyo final sin embargo, es flojo. Conocer los diferentes tipos de finales y aprender a elaborar un final de infarto es parte del trabajo del escritor. William Goldman opina que debe darse al público lo que desea pero no de la manera que espera. Aristóteles, en cambio, argumentaba que todo buen final debe ser inevitable e inesperado. El final puede ser cerrado o abierto, puede ser sorpresivo pero nunca fácil o complaciente. El autor ante todo, debe huir del Deus ex machina o de los finales felices que lejos que brindar vigor a la obra lo que hacen es debilitarla. 

Deus ex machina. Actualmente esta expresión es usada para referirse a la introducción en la obra de elementos externos que resuelven la historia sin seguir su lógica interna.

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