Los gritos de Jim Thompson, entre la furia y la desesperación  

Sus novelas derrochan empatía por los fracasados, vivió y murió perdido en la Norteamérica de la posguerra, cegado por el alcohol y el humo de los cigarrillos. La suya es la obra del fracaso de una nación que juega a vivir una y otra vez el sueño de los iluminados entre las llamas de la frustración.

La dignidad de Jim Thompson 

La dignidad de Jim Thompson o el fuego de sus demonios lo obligaron a cargar contra la hipocresía, la codicia y la mentira. Una tras otra salieron de su mano novelas certeras que parecían disparos al corazón de la sociedad norteamericana. El asesino que hay en mí, 1.280 almas o Asesino salvaje forman parte de su producción más emblemática en la que el asesino, los hombres sin tierra, los enfermos y los depravados ocupan el rol protagónico.

Un escritor contestatario 

En Hijo de la Ira arremete sin piedad contra la sociedad y su cinismo. Uno tras otro pulveriza los argumentos que defienden el gran sueño americano; refleja con pasión y sordidez el gran problema racial de Norteamérica, la corrupción en las escuelas públicas, la marca indeleble que separa a los ricos de los pobres y el eterno devorador de almas que parece reproducirse en Norteamérica, el afán de lucro desmedido. En esta obra se encargó de blasfemar sin piedad contra el bien y contra el mal sin dejar piedra sobre piedra.

Las luces de los escándalos 

El escándalo lo persiguió durante toda su vida. Sus constantes exabruptos con Stanley Kubrick, las idas y venidas, las demandas y las reconciliaciones despedazaron su colaboración, pero nos quedaron dos hermosos guiones en Senderos de Gloria y Atraco Perfecto.

La suya fue una pelea constante contra las convenciones, en una época marcada por la mediocridad y las historias falsas, no muy lejana de la nuestra, donde la moneda de cambio más usual era elaborar cuentos felices y complacientes en vez de señalar las verdades profundas que agujeraban el bolsillo de los norteamericanos y convertían su corazón en un saco roto.

Vigencia y reconocimiento 

Cuarenta y un años después de su muerte su obra se mantiene vigente. Es considerado no solo un innovador de la prosa sino que se le venera en el altar donde descansan las vacas sagradas de la literatura negra, Raymond Chandler y Dashiell Hammett, dos pesos pesados de las letras.

El reconocimiento sobrevino después de su muerte. Robert Polito cuenta en su biografía sobre Thompson que el genio de las mentes perversas previó el reconocimiento tardío de su obra y aconsejó a su mujer que pusiera a buen recaudo los derechos de sus novelas. No se equivocó. El tiempo le ha dado la razón.

El silencio de la sociedad 

Sea donde sea el lugar en el que se encuentre, el autor de 1.280 almas debe estar burlándose a gritos de la sociedad que lo ignoró en vida. Si pudiera enviarnos un mensaje este sería, sin duda, que el mejor homenaje que la mediocridad puede ofrecerle al talento es el silencio.

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