La construcción del personaje es uno de los aspectos sacramentales en la obra literaria de un escritor. Son estos quienes dan brillo y vigor a la obra. A través de sus gestos, sus intenciones, sus palabras, el lector vive con mayor o menor intensidad la obra, aumenta o disminuye tanto su interés como la credibilidad del texto lo que da pie a que la trama gane o pierda ritmo, y en última instancia, a que el lector continúe o abandone la lectura.

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Caracterización

Una caracterización equilibrada implica tener en cuenta tanto los aspectos psicológicos como los físicos. Lógicamente, no es necesario realizar una descripción detallada de cada uno de los rasgos que caracterizan un personaje. Depende del tipo de obra que se desee escribir.

Es importante, eso sí, que el personaje posea un conjunto de atributos relevantes que permita al lector identificarlo. Observemos cómo Mario Puzo caracteriza a sus personajes.

“…Giorgio, el mayor, tenía veintisiete años, era muy taciturno, poseía una inteligencia especial y un rostro impenetrable…”.

Veamos un poco más.

“…Giorgio no discutió con su padre, no merecía la pena, eran demasiado parecidos. Era un joven de elevada estatura y cuerpo tan desgarbado como el de un caballero inglés…”.

En pocas frases el autor crea no solamente una imagen visual del personaje, sino que nos prepara para introducirnos en la densidad psicológica.

Si utilizamos calificativos como inteligencia especial y rostro impenetrable, el autor está accediendo a una dimensión que evoca relaciones y arquetipos no mencionados directamente en el texto, que sin embargo, poseen una capacidad de evocación poderosa y que se encuentran en el mismo de manera implícita.

En primer lugar, Mario Puzo es conocido por su obra más famosa titulada El Padrino. Si comenzamos a leer un libro de su autoría sobre el crimen organizado, la definición “inteligencia especial”, adopta un significado único, matizado por todo cuanto sabemos sobre Mario Puzo y sus personajes.

Una inteligencia especial abre un diapasón que puede aludir entre otras a: una habilidad especial para el crimen, una mente privilegiada pero perversa, de inmediato comenzamos la construcción del personaje a partir de la capacidad de sugerencia del texto, de nuestras experiencias personales y en el marco de lo que suele denominarse intertextualidad.

Dicha caracterización, además, se refuerza con la frase rostro impenetrable que remite a la película homónima de Marlon Brando.

Densidad psicológica

Alude, en este caso, al conjunto de emociones, sentimientos, contradicciones, etc. que son propios de un individuo y que dotan de existencia al personaje. Le insuflan vida y color, lo insertan en una experiencia de vida que lo hace reaccionar ante determinadas situaciones, resolver un conflicto, huir debido a la amenaza del peligro o enfrentarse a él.

La densidad psicológica dota al personaje de autonomía de modo que este deja de ser una marioneta, un artilugio del autor para convertirse en un ser humano consciente de su existencia, de su papel, del poder de sus decisiones pero sobre todo, de su capacidad de interacción con el entorno.

Dante, el personaje que asesina a Pippi y que luego prepara en compañía de Losey el asesinato de Cross, reacciona ante circunstancias personales comprometedoras que desencadenan una compleja situación para la familia de los Clericuzio que, finalmente, dan al traste con su vida.

Adecuación

Muy relacionado con lo anterior se encuentra la adecuación. Todos los actos de un personaje necesitan poder justificarse. Un comportamiento caprichoso, ajeno a la psicología del personaje, demuestra poca habilidad en el manejo de los caracteres. Incluso, cuando el personaje presenta un comportamiento errático o impropio, el autor debe conocer la razón de su comportamiento.

No implica esto, desde luego, encasillarse ni coartar la libertad expresiva del autor, ya que en el mundo real cuando actuamos, no siempre somos conscientes de los resortes que nos motivan. En la ficción, estos resortes motivacionales deben ser conocidos por el creador.

Un escritor avezado puede no obstante jugar con el lector, sorprenderlo ante comportamientos inesperados que escapan de la línea psicológica seguida por el personaje. Sin embargo, debe ofrecer al lector indicios de la argucia utilizada. Una buena parte del éxito del suspense proviene de utilizar recursos como el Dato escondido, o el Iceberg. Dos técnicas que, bien utilizadas, pueden ofrecer un elemento de disociación importante que impiden al lector centrar la atención en puntos de la trama que pueden resultar reveladores.

En el caso de Dante, la decisión de asesinar a Pippi es adecuada a su temperamento sanguinario descrito de manera suscita a lo largo de la novela. Puzo va sembrando la novela de alusiones al carácter y temperamento de Dante. Los efectos acumulativos de dichas referencias convierten una acción improbable, por lo riesgosa, en un hecho verosímil.

Verosimilitud

Los personajes más verosímiles son aquellos cuyas construcciones encajan con los arquetipos tradicionales de la sociedad moderna. Son conocidos por el lector y se encuentran dentro de la cotidianeidad. Existe, no obstante, un gran número de autores modernos cuyo repertorio de personajes no son precisamente convencionales.

Lisbeth Salander, la coprotagonista de la saga Millenium es un dechado de características que rozan la inverosimilitud. Otro tanto ocurre con Anastasia Steele, el personaje principal de Cincuenta Sombras de Grey, del que se pueden decir muchas cosas menos que es verosímil, y sobre el que es posible escribir un manual de neurosis.

Heléne Legrais, sin embargo, en Los niños de Elisabeth, dota a sus personajes de una fortaleza milimétrica a pesar de narrar una historia especialmente conflictiva y dura, donde los seres humanos son expuestos a las penurias más extremas.

El caso de Puzo no es ajeno a esta obviedad. El autor narra una historia que escapa a las convenciones de la vida moderna. Nos descubre un mundo de muerte y corrupción que se sobrepone a la estructura estable y aburrida del mundo convencional.

Por ende, sus personajes conviven en el caos de las leyes establecidas por Puzo. Pero no escapan a los convencionalismos del mundo real y esto significa que si Dante tiene un comportamiento sanguinario y es un megalómano, el lector debe tener suficientes elementos como para descubrir que dicho personaje padece un trastorno psicológico que el autor no explicita en ninguna parte, pero que pertenece al mundo real.

La verosimilitud se puede matizar, claro está, porque se encuentra en función de la obra, con lo cual, debe adaptarse a la misma. No utilizamos los mismos elementos de verosimilitud en una obra de suspense, en un policíaco o en una obra de Ciencia Ficción. Pero, una vez que enunciemos las leyes por las que se rige el mundo donde transcurre la ficción debemos respetarlas en pro de no sacrificar la verosimilitud.

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Contradicciones

La contradicción es una característica intrínseca al ser humano. En ocasiones, no somos conscientes de nuestras contradicciones hasta que analizamos nuestras palabras y nuestras acciones. [et_bloom_locked optin_id=optin_3] Una contradicción utilizada con sabiduría contribuye a humanizar al personaje e incluso a brindarle un elemento revelador que puede cambiar todo el sentido de la trama como es el caso que nos ocupa.

Durante toda la trama el Don muestra amor por su sobrino Dante. Es un abuelo tierno y cercano capaz de las crueldades más deleznables y con un estricto sentido del honor, amén de los valores religiosos que profesa. No obstante, este amor no impide que el Don mediante una maniobra propia del genio de Maquiavelo, propicie la muerte de su sobrino cuando comprende que este es un peligro para su plan magistral que implica abandonar de manera definitiva los negocios ilegales y el crimen organizado.

Este dato sólo lo conocemos al finalizar la lectura. Es en la última página de la obra que el autor nos hace partícipes de esta contradicción que cambia por completo la dimensión del personaje y lo posiciona en el lugar que le corresponde por sus habilidades estratégicas. Es esta contradicción la que nos hace perder el aliento pero, leamos el fragmento.

“…Durante los últimos cinco años, Dante le había parecido el mayor peligro para su plan magistral. Dante hubiera opuesto resistencia a la entrada de la familia Clericuzio en la sociedad legal. ¿Pero qué hubiera podido hacer él? ¿Ordenar el asesinato de su propio nieto? ¿Hubieran Giorgio, Vincent y Petie obedecido semejante orden? Y en caso afirmativo, no hubieran acabado por temerlo en lugar de amarlo?…”

Y luego continúa.

“…Qué doloroso resultaba enderezar el mundo… Cuando él desapareciera, ¿quién tomaría aquellas terribles decisiones…”

.Tanto si los personajes son conscientes de sus contradicciones como si no, aprender a utilizarlas con destreza puede marcar una diferencia notable en la factura de la obra.

Defectos y virtudes

Los defectos y las virtudes al igual que las contradicciones son características intrínsecas al ser humano. Utilizar con maestría los defectos y virtudes más relevantes de nuestros personajes agrega valor a la obra.

Las grandes obras de la literatura moderna como Anna Karenina, Guerra y Paz o una obra de menor peso como El Jugador, de Dostoievski poseen el encanto de contener personajes memorables, plagados de vicios y virtudes. Capaces de los actos más heroicos y veleidosos al mismo tiempo.

En Guerra y Paz somos capaces de reconocer a personajes cuando el autor menciona de manera intencionada una virtud o un defecto previa aparición del personaje. Guerra y Paz tiene un amplio elenco de personajes que entran y salen continuamente de escena. Reconocerlos de inmediato puede ser un reto para el lector.

Un reto que Tolstoi es capaz de resolver construyendo personajes cuyos defectos y virtudes son notables y reconocibles para el lector.

En el caso de El Jugador, una novela mucho más modesta, el autor fabrica la estructura de la obra sobre el vicio del protagonista. Mario Puzo, al igual que Dostoievski, es pródigo al construir personajes, así que los mismos transitan por la novela cargados de los peores vicios.

Tenemos el caso de Losey. Un policía condecorado en varias oportunidades que goza de reconocimiento social y que, sin embargo, se encuentra en la nómina de la familia Clericuzio.

La corrupción demostrada por Losey acompaña a varios personajes. Recordemos que la corrupción en sí proviene del deseo desmedido de acumular bienes o riqueza de manera indebida, violando leyes. De este modo, ser corrupto no es más que un defecto de carácter o un pecado que puede definirse como la avaricia que incluye a su vez, la deslealtad, el soborno, el robo y el asalto.

Dante también es un personaje corrupto pero uno de los defectos que mejor lo caracteriza es la soberbia. Es además sanguinario y ególatra. El soberbio piensa que sus capacidades o su valor están por encima del resto de las personas que lo rodean, de ahí que la arrogancia sea uno de sus atributos.

Las virtudes y defectos de los personajes consolidan su construcción, las cuales se relacionan con las aspiraciones de los seres humanos.

Aspiraciones y deseos

Un deseo o una aspiración también es una excelente manera de definir a una persona. Según el enfoque que utilicemos podemos otorgar mayor o menor preponderancia a esta o aquella aspiración.

Los resortes motivacionales que nos hacen movernos en uno u otro sentido provienen, por un lado, de nuestras convicciones y de nuestra personalidad. Lo que nos impulsa a tomar riesgos, a enfrentarnos al peligro, a cambiar nuestras vidas tranquilas y apacibles no son otra cosa que los deseos y las aspiraciones.

En la medida en que sepamos mostrar al lector los deseos y aspiraciones de nuestros personajes ganaremos en verosimilitud.

Toda la experiencia vital del ser humano está basada en el deseo. Salvo si nuestro personaje es un yogui experimentado que busca liberarse del Samsara y alcanzar el Nirvana, me atrevería incluso a decir que en este caso la regla se cumple, a fin de cuentas el deseo fue lo que motivó a Sidarta Gautama a iniciar el largo periplo espiritual que lo condujo a fundar el budismo.

Los deseos en compañía de la personalidad son una mezcla poderosa que es utilizada frecuentemente para dinamitar situaciones y convertirlas en escenas cargadas de tensión y erotismo.

Cada decisión, sea transcendental o no, está regida por el deseo y es modelada por la personalidad del individuo.

Personalidad temperamento y carácter

El temperamento y el carácter forman parte de la personalidad del individuo. El primero es innato, heredado y no modificable. Nacemos con un temperamento que puede apreciarse en los niños antes de que comiencen a adquirir los conocimientos propios de las convenciones sociales.

El carácter, en cambio, está relacionado con los hábitos aprendidos en el contexto social a través del entorno familiar y educativo durante la infancia y adolescencia y en menor medida, en la vida adulta. Es susceptible de ser modificado y corregido. Una persona puede tener un temperamento cobarde pero su carácter puede ser entrenado para reaccionar con valentía ante ciertos hechos que vulneren su integridad física.

La personalidad es el conjunto del temperamento y del carácter, ambos determinan el comportamiento humano. La personalidad humana es única y está regida por la cognición, la percepción, la emoción, la motivación y la acción.

En la antigüedad, fueron clasificados cuatro temperamentos definidos de la siguiente manera:

Sanguíneos: sociables y con un humor cambiable.

Melancólicos: tristes y soñadores.

Coléricos: voluntad fuerte e impulsiva.

Flemáticos: demora en la toma de decisiones, a veces poseen sangre fría.

El temperamento tiene una base genética y fisiológica que sólo puede modificarse si cambia la fisiología del individuo. El concepto se clarifica al observar los cambios en el comportamiento de las personas aquejadas de padecer desórdenes de la glándula tiroides. Según el tipo de patología, el individuo puede modificar sus comportamientos en uno u otro sentido.

El hipotiroidismo produce astenia, aumento de peso, disminución de la libido. Estos cambios repercuten en el temperamento de la persona. El hipertiroidismo en cambio, produce insomnio, trastornos digestivos e inestabilidad en el humor entre otros síntomas.

El siguiente fragmento ilustra un ejemplo de personalidad logrado. Pero antes, recreemos el contexto. Cross, el chico bueno “o el menos malo”, está organizando el asesinato de su primo Dante. Sabe que es una maniobra difícil en la que puede perder la vida. Prepara a tal efecto un testamento que da a su abogada Molly. Veamos cómo transcurre el encuentro.

Molly lo miró fríamente.

  • Y me llevé una sorpresa cuando permitiste que Bobby Bantz te estafara tu parte de los beneficios de Mesalina.
  • Eso fue simple calderilla –dijo Cross.

Pensó en el Don y en David Redfellow.

Athena se va a Francia pasado mañana. –dijo Molly– y permanecerá algún tiempo allí. ¿Vas a acompañarla?

No ­–contestó Cross­– tengo demasiadas cosas que hacer aquí.

Pues muy bien –dijo Molly–. Nos veremos en la proyección de la película y en la fiesta de despedida. A lo mejor el pase de la película te dará cierta idea de la fortuna que Bantz te ha estafado.

–No importa –dijo Cross.

–¿Sabes una cosa? Dita ha colocado una tarjeta al comienzo de la copia de la película. Dedicada a Steve Stalling. Bantz se pondrá furioso.

–¿Por qué?

–Porque Steve folló con todas las mujeres con quienes Bantz no pudo hacerlo –contestó Molly–. Los hombres son una mierda –añadió antes de retirarse.

Los parlamentos de Molly son cortos, precisos y despiden el vigor propio de un temperamento fuerte e impulsivo. Sus enunciados son categóricos y no admiten lugar a réplica. Cree, al igual que muchas mujeres, que: “los hombres son una mierda”. ​​​​

El personaje de Molly cumple a cabalidad su cometido. Su proyección es tan efectiva que nos parece oír cada una de sus intervenciones. Imaginamos sus gestos, su postura, las arrugas de su rostro, etc.

Lenguaje y pragmática

No menos importante es el papel que juega el lenguaje utilizado. No hablamos ya de que el mismo sea adecuado a la educación y al estrato social al que pertenece el personaje, sino de que nuestro análisis abarcará los ámbitos: textual, léxico, semántico y pragmático, por considerar este enfoque más enriquecedor y profesional, aunque sin tocar aspectos como la sintaxis por estimarla de conocimiento más general.

Definen Beaugrande y Dresler, al menos seis características que debe presentar un texto bien elaborado, a saber estas son, cohesión y coherencia, significado, progresividad, intencionalidad y adecuación.

Por su extensión, no vamos a detenernos en el análisis individual de cada una de ellas. El lector interesado podrá consultar textos donde se detalle con más amplitud dichas características.

En relación con el texto literario además se ha teorizado sobre la importancia del fondo y la forma. Según las modas literarias, en algunos períodos históricos se ha otorgado más importancia al fondo y en otras etapas ha cobrado más importancia la forma.

En el caso que nos ocupa, Puzo no destaca por un trabajo elaborado de la prosa en su sentido más ortodoxo, sino que se decanta por incidir en el fondo profundizando en los elementos más útiles a su cometido. La novela se auxilia del estilo indirecto libre, hace gala de una concisión más propia del texto periodístico que de la narración, hecho este que por momentos, recuerda el guion de cine.

Utiliza un léxico coloquial no exento de armonía que facilita la lectura.

“…Losey pensó en el cuerpo de Athena, en su bello rostro, su voz y su majestuosa figura…”.

A nivel semántico, generalmente utiliza la monosemia, la sinonimia, la antonimia: “…podría ordenar la muerte de un enemigo y recompensar a un amigo…” entre otros.

Desde el punto de vista pragmático, si se me permite, es que la obra cobra mayor relevancia. A diferencia de la sintaxis, la pragmática se interesa por el modo en que el contexto interviene en la interpretación del significado.

Lo interesante para nuestra exposición es comprender los resortes pragmáticos utilizados por el escritor para que el lector infiera un determinado matiz, un hecho ya de por sí difícil en una situación comunicativa presencial, donde los intervinientes no siempre son capaces de entender la intención comunicativa, de ahí la importancia de observar determinadas reglas en las obras escritas para superar con éxito el reto de la creación.

“…Lía apenas había comido. Tomó la copa de brandy y se puso a fumar uno de los puros habanos que Cross había depositado sobre la mesa.

–Todavía no estoy nervioso –dijo–, pero me gustaría que me dieras permiso para protegerme contra ese hombre.

Cross se alarmó.

Lía no puedes hacer eso. –dijo–. Es muy peligroso matar a un oficial de policía en este país…”.

En la frase, Lía en ningún momento utiliza la palabra matar. Sin embargo, Cross infiere de manera automática que Lía desea matar a Losey. Veamos cómo se altera la inferencia realizada por el lector cuando habla Lía una vez que es eliminado el verbo matar. 

–Todavía no estoy nervioso –dijo–, pero me gustaría que me dieras permiso para protegerme contra ese hombre.

Cross se alarmó.

Lía no puedes hacer eso. –dijo–. Es muy peligroso. Losey es  un oficial de policía en este país…”.

La adicción o supresión de una palabra cambia por completo el sentido de la frase. En el ejemplo modificado hay un nivel de ambigüedad lingüística que defiere, en buena medida, de la precisión orquestada por el autor.

A nuestros efectos, podemos crear una conversación con un nivel de ambigüedad similar al que hemos expuesto, donde las palabras mencionadas signifiquen algo completamente distinto de lo que se quiere decir, o donde se juegue con la capacidad de inferencia del lector, haciéndole dudar de las verdaderas intenciones de Lía por un lado, y por otra parte de las repercusiones derivadas de su acción.

Todos estos son efectos que contribuyen al suspense de la trama y que involucran al lector en el proceso de los actos del habla. Este tipo de diálogos, con una gran carga de lo que Sperber y Wilson llaman información implícita, son útiles no sólo para generar tensión y ansiedad, sino también para asignar diferentes niveles de jerarquía a los personajes sin abusar de la descripción tradicional.

El sobreentendido se hace evidente a partir del propio parlamento, el: “…me gustaría que me dieras permiso…” indica una clara relación de subordinación y por ende de poder entre los hablantes.

Hemos descrito en este trabajo los aspectos que a nuestro juicio, intervienen de manera directa en la creación de personajes redondos, llenos de vida y vigor. Es posible profundizar en el tema y aportar numerosas visiones adicionales pero escaparían a los objetivos de este análisis. 

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