A propósito de la felicidad y el arte

Los hombres se dividen entre los que aman y construyen y los que odian y destruyen

JOSÉ MARTÍ

Esta mañana desperté con un terrible dolor de cabeza y la convicción de que me estaba olvidando de algo. Me sorprendió la urgencia de la emoción, la fortaleza de la idea. Busqué por todas partes y no encontré absolutamente nada que me indicara dónde estaba el error. A veces el error no radica en lo que estamos haciendo sino en lo que no hacemos. Entonces caí en la cuenta de que llevaba semanas sin escribir una línea. De inmediato comprendí lo importante que son ustedes para mí a pesar de que no conozca a muchos personalmente y de que nos separan grandes barreras.

Este post está dedicado a todas las personas que no se cansan de leerme. A los que me aman y a los que me odian. A todos les deseo muchísima suerte, salud y que tengan un excelente final de año 2017 y un mejor 2018.

Entre el amor y el odio

Cuando me enteré esta mañana de que un caballo blanco con unas alas enormes había amanecido en la Puerta de Sol quedé estupefacto. La noticia había dado la vuelta al mundo en menos de veinte minutos. La policía estableció un cordón policial alrededor del animal. Un par de jóvenes tuvieron que ser hospitalizadas con una crisis de ansiedad.

Ante la inminencia del desastre.

No tuve más remedio que despertarme cuando un predicador de tres al cuarto anunció el Día del Juicio Final. Han pasado muchos años desde entonces, pero aún conservo en mi memoria el agradable sabor de un día infinito santificado por el color de la sorpresa y remojado por el vino de la novedad.

Sobre la existencia de Dios

Tiendo a la fabulación. Es un defecto de fábrica. Sería hermoso que alguna vez nos sorprendiera Dios, (si existe), con un milagro de este tipo. Luego pensé que of course, Dios existe. Quizá la prueba más fehaciente es que estamos hablando de él. Al menos existe en el breve espacio del universo que somos nosotros mismos. Quizá nosotros mismos, cada uno, somos una pequeña gota de Dios que otro escritor garabatea mientras el Diablo seca la tinta de esta nota.

De cuando me convertí al Islam

Fue por una mujer de ojos negros con mirada de ángel. Me encontraba en Jerusalén, cerca del Muro de las lamentaciones. Corría el rumor de que pronto el mundo iba a ser destruido, D. Trump y otros pocos se empeñaban en ello, así que la gente se apresuraba en expulsar los pecados de su cuerpo. Entonces la vi a ella y todo cambió. Desde entonces creo que el amor es lo único verdadero y auténtico que puede entenderse siempre en dos direcciones sin que ninguna de ellas estén equivocadas.

La tristeza

Cuando me siento triste suelo recordar lo que de verdad importa. Me regodeo una y otra vez con esta idea. La acaricio desde diferentes ángulos y no la pierdo de vista. Luego voy al banco de ahorros y me siento a esperar mi turno mientras observo las arrugas en el rostro de la gente. La tristeza en sus ojos y la sombra de preocupación que pesa sobre ellos. Espero con paciencia y en el momento de mayor afluencia me levanto de golpe, ocupo un lugar en el cajero electrónico y espero. Al principio no se nota, pero luego empieza a llegar más y más gente. La fila se vuelve interminable mientras actualizo una por una mis libretas. A veces me vuelvo solo para observar el malhumor reflejado en los otros. De regreso a casa pienso en las cifras. Las evoco una y otra vez. Son números redondos, cifras de seis números que me acompañan durante el recorrido. Cuando me siento triste suelo recordar lo que de verdad importa…

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