Ser escritor

  A menudo asisto a charlas y conferencias en las que los asistentes realizan diferentes preguntas relacionadas principalmente con el tiempo que se necesita para convertirse en un escritor. El esfuerzo que es necesario invertir y por último, quizá esta sea una de las más relevantes: ¿un escritor nace o se hace?

La respuesta a la última de estas preguntas es conocida. Ocurre como en casi cualquier campo de las ciencias y las artes, los escritores nacen y se hacen. Por supuesto que influyen dos factores importantísimos, la actitud y la aptitud.

La aptitud acompaña a los mejores dotados por la naturaleza para escribir. Una persona con aptitudes literarias adquiere desde una edad temprana, habilidades para leer, redactar e interpretar textos. Una persona sin aptitudes, en cambio carece de estas habilidades o las presenta en menor grado o con menos desarrollo, que aquellos afortunados a quienes la naturaleza dotó de talento natural.

En ambos casos se cumple un principio inmutable. La maestría se alcanza únicamente a través de la práctica paciente y la perseverancia. La ventaja que puede alcanzar un escritor con grandes aptitudes, pero sin actitud para el estudio y el trabajo queda relegada a un segundo plano por la actitud de los menos afortunados, dispuestos siempre a trabajar, a labrar su prosa. El trabajo del escritor es una cuestión de oficio, somos orfebres de las palabras que transitamos en silencio hacia la madurez de nuestro estilo. Nos deben acompañar en nuestro camino dos virtudes, la disciplina y la perseverancia.

Poco beneficio podrá sacar a su talento un escritor con grandes dotes estilísticas si no se aplica en forjar su estilo, en aprender la técnica literaria y en conocer las grandes obras que han perdurado a lo largo de los siglos.

La memoria de los hombres es lo único que no falla en nuestro devenir sobre la tierra. Las verdaderas obras de arte resisten con fiereza el paso de los años. Es el tiempo el único capaz de decantar al arte de las modas y las frivolidades que empañan el juicio humano, que en ocasiones, también es cebo del nepotismo.  Ahí tenemos el Cándido de Voltaire, Gargantúa y Pantagruel, La Ilíada de Homero y la obra Cervantina, por citar sólo algunas obras magnas de la literatura universal que forman parte del acervo cultural de la humanidad.

About the author

Soy escritor y profesor de escritura creativa desde hace más de 15 años. He impartido clases a niños, jóvenes y personas de la tercera edad en Cuba y España. Si estás interesado en escribir una novela este es el sitio apropiado. Imparto cada martes un taller gratuito por videoconferencia y suelo compartir muchos consejos relacionados con la técnica literaria y la escritura.

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